Si te detienes un domingo en cualquier bar de sa Pobla, es probable que veas salir de la cocina un plato bien completo, con un poco de todo: es el variat, una de las combinaciones más típicas de la gastronomía mallorquina y todo un clásico de la cocina poblera.
El variat nace de las ganas de no tener que elegir. Reúne pequeñas raciones de platos calientes tradicionales: albóndigas con salsa, calamares a la romana, ensaladilla rusa, frito mallorquín y, si hay suerte, un buen pica-pica de sepia. Cada bar le da su toque personal, pero todos respetan la esencia: sabores caseros, productos sencillos y una mezcla que sorprende.
Es un plato ideal para compartir, o para disfrutarlo en solitario con una cerveza bien fría o una copa de vino en la terraza. Y si lo pruebas por primera vez, seguramente querrás repetir. No es un plato sofisticado, pero tiene eso que tienen las cosas hechas con cariño: te hace sentir como en casa.
En sa Pobla, el variat forma parte del paisaje gastronómico. Uno de esos platos que no necesitan publicidad pero que todos conocen. Y si pides uno, es porque quieres algo auténtico, de los de antes.


